ARTE
40X Roma al Microscopio: el backstage de la exposición evento
El relato de cómo realizamos con tecnologías y procesos analógicos las seis obras que componen la original y sugestiva instalación realizada en la Fundación GIMEMA para Open House Roma 2021.
Como ocurre desde hace algunas ediciones, Chirale es Official Partner de la prestigiosa manifestación Open House Roma, que este año se celebra el fin de semana del 2 y 3 de octubre.
También en esta ocasión, no nos hemos limitado a apoyar y respaldar la imponente kermés dedicada a la celebración del diseño y la arquitectura en la Capital, sino que hemos querido producir y comisariar, junto con Davide Paterna, Director de Open House Roma, uno de los eventos más significativos.
40X Roma al Microscopio es una exposición fotográfica, muy poco convencional, que permite a los visitantes observar la ciudad bajo la lente de un microscopio, fuera de los habituales clichés. La Capital es analizada en su ser organismo viviente, hecho de tejidos, pulsaciones, ciclos y mutaciones.
La exposición está montada en los espacios de la Fundación Gimema, un importante centro de investigación comprometido en primera línea en la lucha contra las enfermedades de la sangre, que ha elegido el ex Pastificio Pantanella como sede y como espacio de intercambio con la ciudad.
Seis hermosos microscopios Zeiss, gentilmente puestos a disposición por Micro Lab Equipment, permitirán observar, de un modo inesperado y sugestivo, otras tantas imágenes realizadas a partir de las tomas de los fotógrafos Carola Gatta, Emiliano Zandri y de la Asociación Cultural Roma Fotografia.
Dos imágenes por cada autor, para una visión inesperada y maravillosa de la ciudad de Roma.
El impacto emocional de la exposición está asegurado, pero ¿cómo hicimos para realizar esta original instalación?
En este artículo os contaremos en detalle todo el proceso, un conjunto de procedimientos basados en gran parte en tecnologías muy analógicas y artesanales.
En primer lugar, pedimos a los tres autores seleccionados que nos proporcionaran en formato digital de alta resolución las fotografías que se habían realizado interpretando el concepto de la exposición.
A continuación procedimos a imprimir las seis imágenes con tecnología ink jet digital, con técnica fine art, utilizando una impresora Epson 3880, papel Hahnemuhle Bright White y tintas con pigmentos K3, ¡prácticamente material de exposición en el MOMA!
El uso de tecnologías fine art con soportes de la célebre papelera alemana que desde 1584 suministra papel de algodón purísimo a los mejores artistas del mundo fue un paso esencial para tener una fuente de imagen con la mejor resolución y rendimiento cromático posible, dado el estrés que el proceso óptico de ultra reducción habría conllevado.
Las copias se montaron sobre cartulina de color gris medio, la misma utilizada para la calibración de los exposímetros, y se fotografiaron a plena luz solar utilizando una cámara analógica Nikon F5, prácticamente la mejor cámara analógica de todos los tiempos, y una película Fuji Velvia de 50 ISO, la misma utilizada por generaciones de fotógrafos que publicaban en el National Geographic.
Como no teníamos idea de cómo la reducción óptica de la imagen quedaría en la película Fuji Velvia 50 una vez observada al microscopio, realizamos 6 tomas fotográficas distintas para cada imagen, prefiriendo un objetivo óptico Nikon de focal fija de 80 mm. F 1.4, ajustado con diafragma F8, variando la distancia al objetivo desplazando el trípode en lugar de utilizar un zoom que inevitablemente habría tenido peor resolución.
La película, tras haber sido expuesta, fue cargada en un tank de revelado, utilizando la “camisa” que permite operar con seguridad a luz ambiente.
Para el proceso de revelado de la película preferimos usar el proceso E6 en la versión original a 6 baños, en su día patentada por Kodak. La mayoría de los fotógrafos analógicos amateurs utiliza el más moderno kit a 3 baños producido por Tetenal porque es más rápido y sencillo y es capaz de ofrecer resultados de óptima calidad para los usos convencionales de las diapositivas, es decir proyección o escaneado digital, pero en nuestro caso íbamos a observar a 40 aumentos una pequeña porción de la diapositiva y no podíamos permitirnos la mínima pérdida de calidad.
Afortunadamente la empresa química italiana Bellini produce y comercializa un kit E6 en la formulación original. Nosotros en particular hemos utilizado el producto distribuido por nuestros amigos de Ars Imago.
Para controlar de modo riguroso el proceso, que en la fotografía analógica a color es extremadamente crítico y sensible incluso a variaciones de unas pocas décimas de grado de temperatura, utilizamos nuestro procesador Jobo CPE-3.
El ciclo entero de 6 baños químicos, y aproximadamente 8 ciclos de lavado y estabilización, dura unos 45 minutos. Con mucha paciencia preparamos las soluciones empleando dosificadores de precisión y mucha pericia.
La Fuji Velvia 50 es una película invertible a color, es decir una película que proporciona imágenes directamente en positivo, contrariamente a las películas negativas convencionales que proporcionan imágenes con luminosidad invertida ya que están destinadas a realizar copias fotográficas con técnica analógica.
Cuando la fotografía digital no existía, los fotógrafos profesionales y los reporteros preferían las películas invertibles ya que tenían una mayor calidad y estaban destinadas al escaneado para la publicación en revistas o libros. La visión directa de las diapositivas se realiza por proyección o a través de un visor ampliador.
En nuestro caso necesitábamos un positivo para observar directamente al microscopio.
Contrariamente al proceso químico para el revelado de las películas en blanco y negro, que permite amplios márgenes de error, el proceso de revelado del color es muy crítico. Cualquier error puede destruir la calidad del rollo entero.
¡Pero nosotros somos muy buenos y el revelado proporcionó un resultado perfecto a la primera!
Una vez completado el secado del rollo observamos los distintos fotogramas al microscopio a 40×.
Para cada fotografía producida por los autores teníamos disponibles 6 fotogramas con la imagen a distintos tamaños, variando desde la imagen que llenaba el fotograma entero (24 × 36 mm.) a la imagen encuadrada de lejos que cubría una porción de aproximadamente 1/4 del fotograma (4 × 6 mm.) dejando el fondo gris en la parte restante.
Con cierta sorpresa y una buena dosis de júbilo constatamos que, también en la versión más reducida, todos los detalles de la fotografía original eran perfectamente legibles. ¡La combinación entre el mejor equipamiento fotográfico analógico jamás producido por el hombre, la mejor película diapositiva a color de todos los tiempos y nuestra insuperable maestría en dominar los procesos (Chirale where process matters more than outcome) había funcionado!
En este punto solo restaba seleccionar los fotogramas con la mayor reducción de la imagen original, recortar con mucha atención la porción útil de la imagen y montarlo todo sobre los portaobjetos de microscopio simulando preparados biológicos para estudiar.
Empaquetamos el trabajo de los tres autores en un packaging realizado en cartón con la ayuda de nuestro corte láser y nuestra etiquetadora digital y enviamos todo a la Fundación GIMEMA para el montaje de la exposición.