ARTE

¡Adiós Salvatore, te echaremos de menos!

Uno de los más grandes y geniales artistas contemporáneos nos ha dejado. Hemos tenido el privilegio de conocerlo y de trabajar con él y con Oriana, su compañera en el Arte y en la Vida. En este breve artículo, el recuerdo de Leonardo Zaccone.

Con estas pocas palabras queremos recordar a Salvatore Iaconesi, artista y amigo, que tocó profundamente nuestros espacios y nuestras humanidades. El pensamiento y los procesos sembrados en estos años seguirán fermentando en nosotros y, seguramente, en muchos otros, durante mucho tiempo y sin prisa.

Como nos dijo el invierno pasado, poniéndonos al día sobre su enfermedad: “¡Y ahora es problema vuestro!”

Le debo mucho a Salvatore Iaconesi. Ocupándome desde siempre de arte y tecnología, le debo mucho a su trabajo como artista digital e innovador. Para nosotros y, seguramente, para muchos otros, Sal era un punto de referencia. Bastan los numerosos textos escritos más o menos recientemente para captar la profundidad del pensamiento de un artista visionario, que no hizo de la relación con la tecnología un mero rasgo estilístico, sino una urgente necesidad expresiva en una sociedad cada vez más tecnologizada. El arte digital como mecanismo de reapropiación de la consciencia tecnológica, de uso compartido y divulgación, de reflexión sobre los principios y los procesos digitales que de manera cada vez más incisiva conforman nuestras vidas. Y no como herramienta de virtuosismo tecnológico, no como herramienta de separación.

Le debo mucho al pensamiento de Salvatore Iaconesi, pero como hombre le debo mucho a Salvatore en cuanto amigo.

La primera vez que oí hablar de él fue por La Cura, cuando decidió compartir con el mundo su enfermedad y su proceso de tratamiento, una performance artística y social que me impactó muchísimo. Era 2010. Tuve después la ocasión de encontrarlo fugazmente en algún congreso o evento en el que, junto a Oriana, era llamado a intervenir, logrando, como solía hacer, dar la vuelta al pensamiento y al recorrido de todo lo que se decía. Nada era nunca obvio cuando Salvatore tomaba la palabra. Su capacidad de asombrar y de asombrarse. Una palabra que decía siempre cuando escuchaba algo bello, algo nuevo, pero también algo sencillo y afectuoso: “Meraviglia!” — ¡maravilla!

Pero el momento en que realmente conocí a Salvatore y a Oriana fue en noviembre de 2015 en Capri, en un evento organizado por otro gran amigo e innovador, Alex Giordano. Hacking Melanoma.

Alex me llamó como tutor para la parte de innovación de procesos, pero claramente se hablaba de Hacking, y de melanoma, y naturalmente Salvatore era, para todos los presentes, la voz que había que escuchar; pero, igualmente naturalmente, para Salvatore lo más importante era construir una voz que fuera realmente común y compartida.

Tengo un recuerdo vívido en Capri de dos momentos que me cambiaron íntimamente, y que a menudo recordábamos con Sal y Oriana en las distintas cenas que en estos años hemos compartido:

Un primer momento sumamente íntimo, cuando nos quedamos después de cenar a hablar, de todo, yo, él, Oriana y Alex, en la terraza del hotel frente al mar, hasta el amanecer, esperando que el sol aclarara de nuevo nuestros pensamientos. En aquella noche, que entró en el corazón de cada uno de nosotros, nos hicimos verdaderamente amigos. Hablamos de todo. Y desde esa noche Salvatore me abrió una vez más la mente a la compenetración, a la idea de que nada ni nadie puede estar tan cerrado como para no poder ser compenetrado, y que en la compenetración está la verdad de las cosas. Hackear para abrir las cosas, ver cada fenómeno desde un punto de vista distinto del habitual para leer las facetas que ni siquiera imaginábamos que tuviera. Construir un nuevo imaginario de los procesos. Aún hoy es lo que tratamos de hacer también aquí en Chirale. Yo empecé desde ahí.

El segundo momento fue increíble. Salvatore en el hall del hotel de Capri explicando a unos profesores universitarios particularmente autoritarios más que autorizados, que nadie tenía derecho a utilizar de manera extractiva los datos del cuerpo de otra persona, aunque eso sirviera para favorecer la investigación médica. El hecho de que lo dijera él, que había decidido compartir todo su cuerpo enfermo en la performance La Cura, otorgaba a la afirmación un valor absoluto.

Y lo decía de una manera sencilla, eficaz, performativa, compenetrante: mientras el profesor argumentaba su posición científica, Salvatore frente a él, sin ninguna agresividad ni presunción, repetía constantemente y en voz alta “¡Es mi cuerpo!”. Durante 10, 15, 20 minutos, no sabría decirlo con exactitud. Una sola frase, la determinación, la simplicidad y la profundidad del concepto: en este sistema donde cada uno de nosotros cede sus datos continuamente sin ninguna conciencia, “¡es mi cuerpo!”

La visión de Salvatore es enorme; repensándola estos días me parece aún más clara: mientras muchos aman hacer pública su vida para luego mantenerla esencialmente privada para los demás, Salvatore mantuvo siempre reservada su vida para luego, esencialmente, compartirla. Reservada y compartida, como su arte, como su obra. “Salvatore nunca creyó en los superhéroes, sino en el Código abierto”.

De Capri nació una bonita amistad y también colaboraciones profesionales, como cuando Salvatore y Oriana pidieron a Chirale realizar juntos Obiettivo, la primera obra de arte datapoiética hoy conservada en la colección permanente de la Farnesina, y participar en el desarrollo de la Datapoiesis. En aquellos meses compartimos con ellos Spazio Chirale.

Para Salvatore, trabajar juntos era importante. Nunca le gustaba trabajar solo, siempre con Oriana también en la formación del pensamiento, y siempre con muchas y muchos otros, porque creía mucho en el trabajo colectivo.

Recientemente habíamos colaborado en Nuovo Abitare y en la instalación What a Wonderful World, que en este momento se encuentra en el MAXXI. El último trabajo de Sal y Oriana, y de Nuovo Abitare, antes de partir. La inauguración en el MAXXI, nuestro último abrazo.

¡Adiós Sal! Sé que sabrás perdonarme si este texto quizá no posee la irreverencia y la potencia que habrías merecido. Pero sí posee nuestro afecto por ti. Sé que al recibirlo te sonreirás, y mirándonos con la cara abierta exclamarás, como siempre: “Meraviglia!”

— Leonardo Zaccone