INVESTIGACIÓN
La invención de la Fotografía 35 mm. Una Historia de Hombres y Productos Extraordinarios
El cautivador relato del nacimiento de una de las tecnologías que han caracterizado la Historia de la Fotografía.
La última evolución en el campo de la fotografía profesional es indicada por muchos como la afirmación de las cámaras mirrorless full frame en lugar de las tradicionales y más voluminosas cámaras Réflex.
Dejando de lado cualquier consideración sobre el debate de si, cómo y cuándo se producirá esta presunta enésima vuelta de mercado, querríamos detenernos un instante en el término full frame, que indica que el sensor de la cámara cubre plenamente el formato 36×24 milímetros, un formato tan universalmente adoptado como para ser el “frame” por antonomasia.
¿Pero por qué precisamente 36×24 milímetros, y no cualquier otra medida? Obviamente porque este ha sido el formato desde siempre más difundido en las cámaras fotográficas 35 mm desde los tiempos de la película, hecho práctico y popular por el uso del clásico carrete cuyo estándar se denomina 135.
En la transición hacia la fotografía digital, los aparatos fotográficos fueron modificados sustituyendo el dorso digital al cargador para el carrete 135 a película y obviamente toda la tecnología, óptica y electromecánica, de los aparatos quedó la misma continuando evolucionando, pero siempre basada en la misma dimensión del fotograma.
Estamos tan acostumbrados a dar por descontado este formato, que pocos conocen la historia que llevó a su invención y difusión. Al fin y al cabo, los números mismos de esta historia no están en evidente correlación entre sí. ¿Por qué la fotografía que se llama 35 milímetros tiene un formato de 36×24 milímetros? ¿Por qué el carrete 35 milímetros, en el que ninguna de las dos dimensiones es 35 milímetros, se llama 135?
Si tenéis un poco de paciencia estamos a punto de contároslo, junto con la historia extraordinaria de las personas, las empresas y los productos que han hecho la tecnología fotográfica de hoy la que conocemos.
Como ocurre a menudo, no hay un verdadero proyecto que llevó de la nada a la invención de la fotografía 35 mm. Se trata más bien de un conjunto de hechos, de historias, episodios y personajes que de un modo u otro determinaron el curso de los acontecimientos y contribuyeron a escribir su historia.
Como siempre ocurre, solo la supervivencia al transcurrir de las épocas proporciona la medida del éxito de un producto o de una invención. Entre millones de patentes depositadas a lo largo de la era moderna, solo poquísimas dieron lugar a productos exitosos y al nacimiento de verdaderos mitos.
Y la historia de la fotografía 35 milímetros está jalonada de productos míticos.
Como todas las historias que se pierden hacia atrás en el tiempo no es siempre fácil reconstruir la realidad de los hechos, y en la red se encuentran a menudo relatos y fuentes discordantes. Además, cuando se trata con secretos industriales, historias de competencia y relatos escritos por hombres de marketing, no es fácil separar la realidad objetiva de la mitología empresarial. Sin embargo, a nosotros del Spazio Chirale las historias sobre innovación de los procesos y de los productos nos gustan particularmente: al fin y al cabo es nuestro trabajo, y estamos convencidos de que las dinámicas de hoy son muy similares a las de hace un siglo, y con una pizca de espíritu crítico y conocimiento del mundo de la industria, tras haber recogido y consultado muchas fuentes, consideramos poder contaros una historia muy cercana a la realidad.
Nuestra historia comienza el 4 de septiembre de 1888, cuando el empresario estadounidense George Eastman funda la Eastman Kodak Company…
Tranquilos, no es que queramos partir de Adán y Eva solo para ser pedantes: el hecho es que tres años antes, en 1885, Eastman había adquirido de un tal David Houston la patente de la película en rollo. Hasta aquel momento, de hecho, las películas eran producidas y vendidas en placas planas empaquetadas en cartridge específicas.
George Eastman era un empresario con ideas muy claras y una precisa estrategia de mercado, dirigida a divulgar y popularizar las tecnologías que pudieran incrementar la venta de los productos.
La importancia de la película en rollo se mostrará en toda su evidencia cuando esta permitirá en 1891 al célebre inventor Thomas Edison inventar el cine patentando su Kinetoscopio.
Poco después llegaron los hermanos Lumière, que perfeccionaron la tecnología cinematográfica haciendo posible la proyección en sala y produciendo en propio tanto las películas como los aparatos.
Mientras tanto, un empleado de Thomas Edison, de nombre William Kennedy Laurie Dickson, cortó a la mitad una película Kodak de 70 milímetros, obteniendo dos tiras de 35 milímetros uniendo los dos extremos en un único rollo.
No sabemos por qué Kodak producía películas anchas precisamente 70 milímetros: probablemente era un formato suficientemente ancho para la resolución de entonces y compatible con las máquinas de producción que usaban piezas mecánicas de quién sabe qué estándar industrial. El hecho es que aquel día nació la película cinematográfica de 35 milímetros, y muchos, también fuera de Edison, comenzaron a usarla.
Al principio, como siempre ocurre, no había un estándar, cada uno usaba formatos y mecanismos diferentes; cómplices el caos y el rápido desarrollo de la industria cinematográfica, comenzaron a circular máquinas y productos pirata, esto es, que violaban las distintas patentes, hasta que en 1909, para poner orden en el sector, fue convocado en París el Congreso de los Editores de Film, que estableció que el formato usado primero por Edison sería el estándar para la cinematografía a 35 mm.
En 1928 el formato fue nuevamente modificado para permitir la adición de la pista sonora.
En el estándar cinematográfico la película es ancha 35 milímetros, pero dado que en los lados están las perforaciones, el fotograma es ancho 24 mm y tiene una altura de 18 mm.
Os ahorramos las disquisiciones sobre la estandarización del número de perforaciones.
Dado que se producían ya kilómetros de película cinematográfica a 35 milímetros, más de uno intentó lanzar al mercado un aparato fotográfico que la usara. Hasta entonces, de hecho, los aparatos fotográficos portátiles estaban basados en la película en rollo de formato más grande. Estaban en uso distintos estándares. La Kodak como siempre era líder en la producción de películas y la numeración progresiva de sus productos era también la utilizada para identificar los estándares de formato, como por ejemplo el 120 y el 127 producidos aún hoy.
En 1908 los inventores Leo, Audobard y Baradat depositaron en Inglaterra la patente para una cámara fotográfica 35 mm que nunca fue producida. Entre 1913 y 1920 apareció en el mercado el primer aparato a 35 mm que la historia recuerde, denominado Homeos, una máquina estereofotográfica diseñada por un tal Jules Richard, pero sin obtener gran éxito.
La primera cámara fotográfica de cierto éxito fue la American Tourist Multiple, lanzada en 1913 para un mercado de gama alta visto el precio exorbitante para la época de 175$ (alrededor de 4.000 Euros actualizados a hoy).
Y es aquí donde se inserta el segundo importante personaje de nuestra historia.
Oskar Barnack era un brillante ingeniero y fino diseñador especializado en mecánica de precisión que, tras una primera experiencia laboral en Zeiss, dirigía el departamento de diseño de la Ernst Leitz Optische Werke, una mediana empresa especializada en microscopios y ópticas de precisión operante en Wetzlar, Alemania.
La Leitz, en aquella época propiedad de Ernst Leitz II, hijo del fundador, tenía también una pequeña producción de aparatos fotográficos de gran y medio formato, sin obviamente poder competir con la más estructurada Zeiss, que se convertiría poco después en un verdadero coloso tras la adquisición de varias empresas alemanas, como contaremos más adelante para añadir otra importante pieza a nuestra historia.
Barnack era también un apasionado fotoaficionado, pero por desgracia padecía asma, y los pesados aparatos fotográficos de la época no facilitaban la práctica de su hobby.
Desde hacía tiempo Barnack alimentaba el sueño de poder realizar un aparato fotográfico más ligero y transportable; sin embargo, proyectos en tal sentido no estaban en los planes de Ernst Leitz II.
La ocasión justa se presentó cuando a Barnack le pidieron estudiar un nuevo modelo de cámara cinematográfica de 35 milímetros para introducir en el mercado.
Con la excusa de experimentar las características de las películas de 35 milímetros de los distintos productores, Barnack consiguió hacerse autorizar el desarrollo de una cámara fotográfica sobre la cual impresionar trozos de película con fines de prueba.
En realidad se dedicó a su proyecto y tuvo una idea que se reveló genial. En lugar de utilizar la película en vertical, como en las cámaras cinematográficas normales, pensó en insertarla en sentido horizontal, duplicando al mismo tiempo la dimensión pequeña del fotograma obteniendo el actual rectángulo 36×24 mm.
La mayor área disponible para el frame permitía una mejor calidad del aumento y un rendimiento competitivo con los formatos fotográficos 120 y 127 utilizados hasta entonces en los aparatos más portátiles.
Había solo un último importante problema por resolver, el del objetivo de toma. Ninguna de las ópticas en comercio en aquel momento estaba diseñada para cubrir el nuevo formato. Ni los más pesados objetivos para el medio formato y ni siquiera los objetivos para uso cinematográfico aptos para el 24×18 mm.
Pero para Leitz, especializada en ópticas de calidad, diseñar y realizar un objetivo no era un problema, y aquí interviene el brillante óptico Max Berek, que diseña para la ocasión un esquema óptico de 4 lentes en tres grupos, derivado del fundamental triplete de Cooke, similar pero en realidad bien distinto del Tessar de Zeiss que solo algunos años más tarde fue modificado de modo que cubriera el nuevo formato fotográfico.
El objetivo resultante será el mítico Elmar 5 cm: el nombre parece derivar de la crasis de los nombres Ernst Leitz y Max Berek, una óptica de calidad impecable que permitirá al pequeño formato no echar de menos en términos de calidad las fotografías hechas en 6×6 o 6×4,5 y que sancionará el nacimiento de un nuevo mito.
El primer prototipo de cámara fotográfica 35 mm será por tanto presentado a Ernst Leitz II en 1913, que decidirá invertir en su producción; sin embargo, el advenimiento de la primera guerra mundial obligará a la empresa a posponer el lanzamiento del nuevo producto, que saldrá solo en 1925 con el nombre de Leica I (de la crasis Leitz Camera).
Además de ser una obra maestra de mecánica de precisión y estar dotada de una óptica fantástica, la Leica I estaba acompañada de una serie de accesorios que hacían práctico y disfrutable el sistema. Para permitir la carga de la película en condiciones de luz y por tanto en el campo, Barnack había patentado un específico cargador de metal con cierre estanco a la luz, que se preparaba en cámara oscura y sucesivamente podía ser cargado en condiciones normales dentro de la cámara fotográfica. El mecanismo de cierre de la portezuela de la cámara desbloqueaba el cargador permitiendo el deslizamiento de la película.
El producto fue enseguida un éxito, y la Leitz invirtió constantemente en la mejora del producto, creando un verdadero sistema, rico en accesorios y sobre todo estandarizado. Con la salida de la Leica Standard en 1932 fue estandarizado el encaje a rosca para los objetivos.
La pequeña empresa de provincia había dado origen a su mito y comenzado a hacer competencia a la acorazada Zeiss, que obviamente no se quedó mirando, poniendo en marcha su proyecto de cámara compacta 35 mm.
Al frente del diseño del producto, que más tarde saldría con el nombre de Contax, estaba el Dr. August Nagel.
Nagel, que de joven había trabajado como aprendiz en una fábrica de mecánica de precisión y sucesivamente como vendedor en distintas empresas, era apasionado de la fotografía y diseñaba por gusto cámaras fotográficas, hasta que en 1908, a la edad de 26 años, fundó en Stuttgart, junto con su amigo Carl Drexler, la Drexler & Nagel, más tarde conocida como Contessa-Camerawerke Stuttgart, empresa de gran éxito que fue una de las adquiridas por la Zeiss en 1926 en la gran operación que llevó a la formación de la Zeiss Ikon AG.
A Nagel se le confió el cargo de Director de Producción, pero, defraudando sus expectativas, no le fue concedido un puesto en el Consejo de Administración, como había ocurrido para otros empresarios cuyas empresas habían sido adquiridas en la operación.
El descontento madurado por Nagel lo llevó a romper con la nueva propiedad y a conducir una operación de spin-off hostil en la que se llevó buena parte de los técnicos involucrados en el proyecto Contax — que por causa de ello retrasará de modo significativo su salida al mercado — fundando la Dr.-August Nagel-Factory, demostrando ser un diseñador y empresario de éxito diseñando y poniendo en el mercado aparatos que han tenido su lugar en la historia de la fotografía como la Librette y la Vollenda.
Mientras Nagel daba prueba en el mercado de sus cualidades, la gran Kodak, que en el mercado seguía creciendo fuerte de su estrategia basada en el paradigma que los americanos llaman del Razor & Blades — esa, para entendernos, donde te venden a bajo coste un producto (tipo la maquinilla o la impresora inkjet) para luego favorecer las ventas de un producto complementario (tipo las cuchillas intercambiables o los cartuchos de tinta) — decidía atacar también el segmento de las cámaras 35 mm.
La Kodak era conocida por producir cámaras fotográficas bastante pobres pero muy económicas. El objetivo era de hecho hacer popular la fotografía para favorecer la venta de películas.
Sin embargo, para realizar máquinas para el 35 milímetros era necesaria una competencia en mecánica de precisión que los técnicos de las toscas medio formato económicas producidas en los Estados Unidos no poseían.
La Kodak decidió por tanto adquirir una empresa alemana de modo a aprovechar también la oportunidad de abrir una propia fábrica en Europa.
La Dr. August Nagel Factory representaba la solución ideal, también a la luz de las particulares competencias técnicas en posesión del fundador y de sus colaboradores históricos.
Esta vez la transacción, concluida en 1932, fue satisfactoria para el Dr. Nagel, que mantuvo un rol primario y gran parte de los derechos de explotación sobre sus patentes, convirtiéndose en Director de la nueva Kodak AG con el objetivo de realizar una cámara fotográfica 35 milímetros que en el momento de su salida al mercado fuera significativamente más económica que sus competidoras.
Dos años después el nuevo producto había sido completado y en el verano de 1934 fue presentado al mercado con el nombre de Kodak Retina y número de producto 117 a un precio inferior al de la Leica Standard y de la Contax de Zeiss salida mientras tanto.
La Retina 117 montaba el óptimo objetivo Xenar producido por la alemana Schneider, ya que Zeiss se rehusó a suministrar sus propios Tessar a causa de los desencuentros nunca apaciguados por las vicisitudes que llevaron a la salida de Nagel.
Junto con la Retina n. 117 fue patentado y presentado un nuevo cargador ya listo para película 35 milímetros, utilizable a la luz, compatible con el sistema de carga de la Leica y de la Contax. Había nacido el cargador Daylight 135, el todavía hoy utilizado. El número 135 es el identificador asignado por la Kodak, que numeraba progresivamente todos sus productos. En realidad el nuevo formato de carrete debería haber tenido otro número, pero se decidió utilizar el 135 para dar una clara referencia al formato de la película.
Desde aquel momento las cartridge de Leica y Contax para precargar en cámara oscura ya no fueron necesarias, siendo el nuevo carrete 135 ya listo para el uso, y bien pronto se terminó su comercialización.
La Retina fue una de las pocas máquinas Kodak en tener una calidad constructiva comparable con la de las máquinas Leica y Contax, pero pronto las nuevas tecnologías de los materiales permitieron a la Kodak la producción de nuevas máquinas para el 35 milímetros de bajo coste respetando la estrategia Razor & Blades característica de la empresa; pero también a esto se debe la universal afirmación de este estándar, que está viviendo en nuestros días un nuevo emocionante periodo de desarrollo.
En el Spazio Chirale de Garbatella es posible experimentar las tecnologías y los productos que han hecho la historia de la fotografía junto con las últimas novedades de la industria contemporánea.
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